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Miércoles, 19 Noviembre 2014 | Escrito por
Número: 4

El pasado día once, del presente mes de noviembre del año en curso, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social ha publicado en el BOE una Orden a través de la cual modifica el anexo de una Orden anterior, que era la que aprobaba el modelo de recibo individual de salarios.

En definitiva, lo que hace dicho cambio es establecer las normas para que el recibo individual de salarios (o nómina) recoja la parte de cotización de la Seguridad Social que corresponde a la aportación del empresario.

Aplaudiendo dicha modificación (si bien tardía en el tiempo), este artículo va un poco más lejos y reflexiona sobre el necesario equilibrio que debe mantener la retribución salarial que percibe una persona por el trabajo que realiza, con el valor añadido que realmente aporta con el mismo.

Quienes han acudido como alumnos/as a alguno de los diferentes cursos, seminarios, talleres y demás que he impartido como ponente, en mi ya dilatada carrera profesional, me habrán escuchado en alguna ocasión que soy partidario de que las personas debieran conocer en detalle el coste total que suponen para la empresa en la que trabajan, ya que en caso contrario se producen distorsiones y falta de información relevante a la hora de confrontar lo aportado con lo recibido.

Suele ser muy habitual que las personas cuando piensan, o cuando hablan de su retribución salarial (en este artículo no abordo otro tipo de retribuciones, tan importantes o más que las salariales), lo hacen ciñéndose al importe neto que reciben, tras retenciones y deducciones varias.  Si nos esforzamos por explicárselo, hay quien analiza dichas retribuciones incorporando las anteriores; siendo las menos, las personas que acuden a la casilla del recibo justificante del salario (conocido por nómina) en el que se habla del importe bruto mensual, el cual incorpora la prorrata de las pagas extraordinarias que tenga su convenio.

Pues bien, lo anterior no queda ahí, puesto que lo que prácticamente nadie, y digo nadie, tiene en consideración es la denominada cotización a la Seguridad Social a cargo de la empresa. No dudo en que las personas sepan de que se trata, pero como encima es un concepto que hasta la fecha no ha aparecido nunca en las nóminas (siempre hay excepciones, recuerdo el caso de un gerente de una empresa que cuando lo explicaba en un curso me dijo que él sí que lo incorporaba en las nóminas para que la gente fuera consciente de ello); pues eso, que la gente no es consciente de ello, o si lo es no resulta habitual que lo tenga en cuenta.  Sin adentrarnos en tecnicismos complejos, ni en la norma que regula su cálculo en función del riesgo de la actividad desempeñada, diremos que dicho concepto viene a suponer un importe del orden de un tercio de la retribución (con sus topes correspondientes).  Dicho lo anterior, queda claro lo importante y elevado del concepto en cuestión.

A veces somos injustos y opinamos, con carácter general, que la Administración siempre va por detrás de la realidad del mundo (social y empresarial), habiendo ocasiones en los que no se conforma solo con el retraso y, sencillamente, nunca llega a lo que la sociedad demanda y espera de ella. Pues hete aquí, que nos encontramos con una de esas agradables sorpresas en las que la citada Administración es consciente de una carencia y articula su subsanación. En este caso, me refiero al concepto que he venido comentando en la parte inicial de este artículo.

Con fecha 11 de noviembre, el BOE (número 273), en el apartado de Disposiciones Generales, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social publica la Orden ESS/2098/2014, de 6 de noviembre, por la que se modifica el anexo de la Orden de 27/12/1994, por la que se aprueba el modelo de recibo individual de salarios.

En definitiva, dicha nueva Orden lo que hace es establecer las normas para que el recibo individual de salarios (nómina) recoja la parte de cotización a la Seguridad Social que corresponde a la aportación del empresario. En su disposición transitoria única, señala que se dispone de seis meses para la adaptación, por parte de las empresas, a este nuevo modelo.

Tras lo anteriormente expuesto, solo cabe felicitar al Ministerio de Empleo y Seguridad Social por esta iniciativa, la cual no por tardía resulta menos necesaria.  Ahora bien, a riesgo de ser tachado de inconformista e insaciable en mi visión perfeccionista del mundo y de la forma de relacionarnos en el mismo, quiero apuntar que con esto no se acaba una tarea que yo considero urgente acometer.  Y me refiero, a que una vez dado el primer paso, que consiste en conocer en detalle el importe bruto en euros del coste de un/a trabajador/a de una empresa, debemos empezar a trabajar el modo de cálculo que permita cotejar dicho importe, con el valor añadido realmente aportado por el/la trabajador/a a la empresa para la que trabaja.  Todo ello llevado a euros, que hasta la fecha es la unidad en que se recogen los conceptos retributivos en el recibo individual de salarios.

Porque es más que evidente que la forma sostenible en que una empresa puede seguir manteniendo a sus trabajadores, está directamente relacionado con el retorno que obtiene de dicho trabajo aportado. Esto en el fondo lo sabe todo el mundo, pero otra cosa bien distinta es el tratamiento que cada uno/a le quiere dar.  Quizás ello ayude a comprender por qué cuando se convoca una plaza de trabajo por un ente público o una empresa de las consideradas “seguras” son miles los aspirantes, mientras que no sucede lo mismo con los emprendedores, autónomos y demás.

Sirva pues el presente artículo para invitar a esta sana y necesaria reflexión sobre el imprescindible equilibrio entre la retribución salarial recibida y el valor añadido aportado, dentro del mundo laboral, ya que ello a futuro va a ser una de las claves determinantes en el mantenimiento, e incluso creación de nuevo empleo.

Óscar Javier Hortigüela

Socio Consultor de OHR

OHR Consultoría

OHR Consultoría, Estrategia y gestión empresarial.

Sitio Web: www.ohr.es

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