Lunes, 30 Diciembre 2013 | Escrito por
Número: 1

Si hay un tema económico sobre el que se han vertido, y se siguen vertiendo, ríos de tinta (real y virtual) en los medios de comunicación, es sin duda todo lo relacionado con las entidades financieras.

A cualquier persona de nuestro entorno que se le preguntara qué entiende por entidad financiera, nos daría una definición similar a:

Son aquellas encargadas de facilitar la financiación a los que necesitan recursos, sean sociedades, o particulares. Van desde los bancos y cajas de ahorros, hasta las sociedades que nos prestan dinero para la compra de bienes y servicios.

Si procedemos a diseccionar dicha definición, nos encontramos que en cuestión de muy pocos años (más o menos desde el 1997, para la población en general, si bien los entendidos en la materia ¿?, lo sitúan unos años antes) esto ha dejado de ser así, de forma abrupta y tajante.

Empezando por la división de Bancos y Cajas de Ahorro, ya que estas segundas se han visto diezmadas de manera radical; pero, sobre todo, en lo tocante a la labor de prestar dinero, bien sea a empresas, bien a particulares.

Sin entrar a profundizar en dicho aspecto del que se ha escrito casi todo, y del que la población ya tiene una idea perfectamente formada, quiero plantear la siguiente pregunta: cuando alguien o algo, ha dejado de servir para lo que originariamente ha sido creado, ¿qué sentido tiene mantenerlo?.

Yo creo que, utilizando unos ejemplos, resulta más claro de entender:

  • Si el servicio de transporte de viajeros, vende los autobuses, o los deja aparcados en la cochera, ¿tendría sentido mantenerlo?.
  • Si el servicio de prestación de abastecimiento de agua dejara de suministrar agua a los abonados, ¿sería lógico que siguiera intacta su estructura?.
  • Si los servicios médicos dejaran de atender a los pacientes, ¿se debería continuar aportando recursos a sus profesionales y a sus instalaciones?.

Y como los ejemplos anteriores, muchos más. Y, además, con la misma respuesta a todas las preguntas planteadas.

Por tanto, seguramente, amable lector, al respecto se preguntará una y mil veces que si las entidades financieras no cumplen, desde hace ya mucho tiempo, con su misión principal y objeto social prioritario, que es prestar dinero a empresas y particulares, por qué se les sigue ayudando, por qué se les ha aportado cantidades ingentes de dinero desde los estamentos públicos (nacionales y europeos).

Nadie puede comprender que mientras miles de empresas se ven obligadas a cesar su actividad por falta de liquidez, mientras millones de personas engrosan las listas del desempleo por despidos que llevan a cabo empresas en dificultades, mientras cientos de emprendedores no pueden arrancar su proyecto por falta de recursos económicos, se siga apoyando a las entidades financieras sin que cambien su actitud. Se basa todo en argüir que si se deja hundir a las entidades financieras, todo sería peor. ¿Peor que todo lo que se ha expuesto anteriormente, y sus devastadoras consecuencias?.

Y, mientras tanto, continúa el debate sobre si los bonos de los directivos de las entidades financieras puede exceder 12 veces el salario más bajo del sector, o si puede ser mil veces superior como se han venido aplicando en ciertos casos. Seguimos asistiendo atónitos al nombramiento de cargos magníficamente remunerados, y llenos de privilegios, a personas que han dirigido entidades que han arruinado a personas con la venta de preferentes. O, la última, sobre una millonaria sanción a entidades financieras que manipularon el euribor, con lo que ello supone de quebranto a millones de ciudadanos.

Sin duda, esto no puede seguir así. La población, a través de asociaciones, o cualquier figura que nos represente y defienda colectivamente, debe clamar sin cesar, debe exigir que esto cambie, que haya más transparencia menos corrupción y que se aplique el mismo rasero y las mismas reglas de juego, a toda la ciudadanía.

Pero como soy una persona positiva por naturaleza (lo cual no es incompatible con la denuncia de lo manifiestamente injusto), quiero terminar este artículo de dicho modo.

Recientemente paseaba por una ciudad costera mediterránea y al pasar al lado de una de las cientos de oficinas de entidades financieras que se han ido cerrando, a lo largo de estos últimos años, pude ver en su fachada que en medio de una enorme cristalera en la que en la parte interior había una persiana completamente cerrada, se había colado de manera inverosímil un brote de una planta que sin duda se encontraba en una maceta o jardinera de su interior. Ante tanta desazón para con el sector, mi mente me vino a recordar: ¿será que por fin vamos a empezar a ver los primeros, y reales, brotes verdes?. Ojalá que así sea.

Óscar Hortigüela

Licenciado en CC. Económicas y Empresariales.
Experto en Estrategia, Innovación y Mejora de la Eficiencia en las Organizaciones.
Prestación de Gerencias Asistidas y participación en Consejos de Dirección.
Formador en temas de Gestión Empresarial.

Sitio Web: es.linkedin.com/pub/óscar-javier-hortigüela-revilla/72/a89/72

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